Defensor de la Prevención del Suicidio. Las estadísticas son crudas y desgarradoras: cada año, cerca de 700.000 personas se suicidan, lo que lo convierte en una de las principales causas de muerte a nivel mundial. Y detrás de la gran mayoría de estas tragedias se esconde un culpable común, a menudo silencioso: la depresión.
La depresión no es simplemente tristeza ni un estado de ánimo pasajero. Es una enfermedad grave que afecta la forma en que uno se siente, piensa y actúa, robándole la alegría de vivir y haciéndole imposible afrontarla. Para muchos, el dolor se vuelve tan profundo que el suicidio se siente como la única salida.
Pero hay un mensaje crucial de esperanza: el suicidio se puede prevenir. Y la herramienta más poderosa para la prevención es la intervención temprana y eficaz. Cuanto antes podamos identificar y tratar la depresión, mayores serán las posibilidades de recuperación y menor el riesgo de consecuencias devastadoras.
Durante demasiado tiempo, el diagnóstico y el tratamiento de la depresión se han basado en cuestionarios subjetivos y un largo proceso de ensayo y error con medicamentos. El paciente describe sus síntomas, el médico realiza un diagnóstico aproximado y prescribe un tratamiento. Semanas o meses después, si el primer tratamiento no funciona, el proceso se reinicia. Este retraso puede ser angustioso y peligroso para una persona en crisis.
Superando la brecha entre la desesperación y la esperanza: el poder del diagnóstico temprano de la depresión
¿Y si pudiéramos ir más allá de las medidas subjetivas? ¿Y si pudiéramos detectar la susceptibilidad biológica de una persona a la depresión antes de que alcance una etapa crítica? ¿Y si pudiéramos saber, con certeza científica, qué tratamiento tiene más probabilidades de funcionar para cada individuo?
Esto ya no es un concepto futurista. Es la realidad que ofrecen las pruebas de laboratorio de vanguardia como la de Nanjing. Gen curado Prueba de depresión con más del 90% de precisión y 95% de especificidad.
